lunes, 13 de enero de 2014

Ser de un Lugar "La Mujer del Autobus"



La misma noche en que me mandaste el correo, observe  detenidamente una y otra vez  cada uno de los personajes, en algunos me entretuve recreándome un buen rato... y por supuesto escuche la música. Entró  por lo poros de mi piel acariciándola y se expandió por todos los sentidos.

Durante toda la noche había estado lloviendo copiosamente.  De madrugada el chaparrón había cesado, en el ambiente había quedado una una intensa humedad, provocando que los cristales del autobús se empañaran con un fuerte vaho que hacia casi opaca la visión del exterior. Desde fuera solo entraba un arco iris que se transmitía por las lunas del vehículo llegando al interior. Imaginé los colores de las  vidrieras de una catedral gótica con el reflejo del alumbrado callejero y las señales de trafico.

A esa hora, solo cuatro viajeros.  Cerca, en los asientos de la derecha una mujer de formas redondeadas, bien entrada en los treinta y con rasgos indígenas, mantenía una conversión telefónica que me llamo la atención. No entendía nada, rápido y fijandome más en sus rasgos físicos, intuí que hablaba en guaraní. Por unos segundos pude ver como sus ojos se hacían agua. El autobús seguía con su traquetreo y la charla continuaba. Pude percibí como la mujer sobreponiendose a su emoción hacia lo posible por que su interlocutor no advirtiera su desasosiego y las lágrimas que ya caían por sus mejillas sin reparar en mi cercana presencia.

La mujer era paraguaya, uno de tantos seres humanos que tienen que abandonar su tierra y a los suyos en busca de un trozo de pan.

Vertiginosamente por mi mente circularon imagenes de los recientes incidentes con las barbaras concertinas desplegadas en la frontera melillense y la discusión de los políticos sobre sí sus cuchillas cortan o no. Quizás alguno tendría que pasárselas por los cojones para realizar una comprobación empírica del asunto. ¡Discusión zanjada!.

Parecía que la charla llegaba a su final cuando escuché, en perfecto castellano, las ultimas palabras de la misma. --"Hija...  que Dios te bendiga"--, --"Te quiero"--. Esperó unos segundos la respuesta del otro lado del teléfono y la conversación termino.

Pensé que nada ni nadie, ninguna barrera , podrá hacer nunca que alguien que no tiene pan para darle de comer a sus hijos, lo busque donde lo pueda encontrar saltándose todas las cuchillas que los poderosos puedan poner en su camino.

A la noche, de regreso a casa, escuche varias veces más la música del vídeo que me habías mandado , Marian. Ahora sí,  tratando de entrar en los sentimientos y las emociones que se perciben en cada uno de los personaje del coro, recordándome en paralelo, a la mujer del autobús.

(En el vídeo una representación "muy especial" del coro de esclavos de la opera Nabucco de Verdi)