Tantas son las variaciones que me ofrece el camino en cada recodo, que el paisaje, en mi ruta, llega a presentárseme monocromático. Como si no hubiera diferencia entre un minuto y otro, entre un día y el siguiente, entre un año y el que le continua. Algo así como perderse en el verde de una masa boscosa sin distinguir diferencia alguna, sin que llegue a conseguir fijar la mirada en algunas de las tonalidades de los árboles. Sin lograr penetrar en la espesura y disfrutar con todos los sentidos de la belleza de las pequeñas orquídeas que se me ofrecen entre los troncos de los árboles.
Solo a veces, demasiadas pocas veces, es imposible abstraerse del fogonazo de rojo sangre que chorrea al borde del camino, junto a la cuneta. Imposible seguir adelante. Obligada la parada para ensanchar el alma, sacar la brújula de la mochila, tratar de encontrar el acimut verdadero, y plantear , otra vez más, la senda por andar.
(Estas amapolas las encontré a la salida de Benaocaz, en el Norte de la de la provincia de Cádiz. En el vídeo la 9 variación Nimrod "adagio" Variaciones Enigma, de Elgar. Cuando no soy capaz de ver "flores en la cuneta", escucharla me ayuda.)
Ya iniciado el mes de Junio, empezando el calor y resguardados del viento de levante , que lleva casi una semana soplando en el Estrecho, en la plaza que hay junto al mercado, en el centro de Tarifa, un par de guitarras suenan a su aire, mientras los tarifeños charlan sentados en las mesas de las terrazas de los dos bares de pequeña plaza que hay detrás del mercado.
La mirada perdida a los lejos, en la costa africana, detrás de la corta extensión de agua que nos separa, con la intuición de la mirada inversa de los ojos que están al otro lado, vislumbrando la silueta de esta costa que creen la tierra prometida.
No hay en el planeta un lugar con más amplias diferencias entre los que vivimos de un lado y los de otro, los que lo tienen todo y los que no poseen nada y desean encontrar lugar donde poder respirar, donde poder vivir con dignidad.
Desde Baelo Claudia, en las costas de Cadiz, lugar donde los romanos nos dejaron su herencia, se ven las costas de Marruecos, que una vez más están muy lejos y muy cerca a la vez. Lejos por las diferencias de todo tipo, sobre todo económicas , sociales y culturales, y cerca por la historia y la geografía. En ocasiones las mismas cosas que nos unen, son las que nos separan, y no es fácil ver las diferencias.
Mirar al frente en la corta distancia es ahora presagio de un viaje al otro lado, que siempre ha estado tan lejos y a la vez tan cerca.
(La fotografía esta tomada en el interior del Centro de Interpretación de los restos arqueológicos de la ciudad romana de Baelo Claudia en la playa de Bolonia, cerca de Tarifa).
En la playa de la Caleta de la ciudad de Cádiz, la Tacita de Plata. El sol perdiéndose por la Punta de San Felipe. Son especiales los atardeceres del Atlántico cuando se esta acostumbrado a los de Mediterráneo , colores mas intensos y mas profundos y el sol perdiéndose entre la extension de agua del horizonte.
Son del mismo tipo las sensaciones, pero aquí, en este océano, los atardeceres son algo así como si tomando con fuerza aire por la nariz , impulsándolo con fuerza, se llenaran los pulmones de horizonte , mezcladose con el olor penetrante del salitre, y luego al desaparecer el sol repartieran ese horizonte y esa sal, como moléculas de oxigeno por el resto del cuerpo.
Cerca de Tarifa, junto al Estrecho de Gibraltar y a poco más de una decena de kilómetros de África, como siempre, tan cerca y a la vez tan lejos...... finalizando el otoño, con el cielo totalmente cubierto y el mar con fuerte viento de poniente, que hace saltar la espuma de las olas hasta nosotros, incluso mojarnos si no nos guarecemos.
El sol se pierde por el Oeste, camino del otro lado del "charco", dejando paso a la luna que siempre le perseguirá, marche donde marche, anudados con largos lazos, invisibles y poderosos, entre los dos.
(La fotografía es del 2007 y esta tomada cerca de Tarifa, junto al campíng Torre de la Pena)
Aquí en la duermevela de su mente, entre el vaivén de mil cosas sin contorno, siente unos ojos que le miran fijamente, un impulso que quiere y que no puede, que le arrastra sin admitir soborno.
Ignora en qué parte está de su cabeza, envuelta en algo tan incierto que al componer el puzle de esta fuerza queda ahí, formando las mil piezas sin inmutarse, cortándole el aliento.
Le pregunta al viento si conoce este poder indefinible y mudo que le sirve de esperanza, que le ensombrece, que le turba, le abrasa, le estremece, que le ata a él con invisibles nudos.
Rozando su piel le contesta, le susurra, que todo cuanto siente es amor.
(El poema me lo ha mandado Myriam hace unos dias, la fotografia la hice en en invierno de 2003 en el puerto de Cadiz)
A mediados de Mayo, entre los pueblos Banamahoama y Grazalema, en plena montaña, al norte de la provincia de Cadíz, en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema.
Saliendo del pueblo de Benamahoma (Los hijos del Profeta), antes de subir a la cumbre, la carretera se estrecha y se hace toda ella una misma curva, tanto que no hace falta señalizar, simplemente una sola señal triangular , con el símbolo de curva peligrosa y la indicación de que en 10 Km, todo sera a partir de aquí una curva, peno.... una detrás de otra, sin aparar hasta llegar a Grazalema. Pero , quizás mucho mejor, la dificultad de la ruta nos hará ir más despacio y así poder disfrutar del pasaje.
A mitad del camino una parada obligatoria en una fuente que hay a la derecha de la carretera, en el sentido de la marcha, y que en estas fechas todavía tendrá agua fresca.
Las flores casi se meten dentro de la propia carretera como queriendo recuperar un lugar que hace siglos habría sido de ellas.
(Se agradecerá cualquier información sobre en nombre científico o popular de la flor)
En Marzo el "Adriano" hace su corta travesía casi sin pasajeros, quizás no seriamos más de diez o doce viajeros, lo que me permitió tener un rato de charla con dos de sus tres tripulantes, el tercero tenia que estar al pie del timón en la cabina de mando. Me hablaron de la cantidad de años que hacía que estaban dando vueltas de un lado para otro en la bahía y los cientos de anécdotas que habían vivido en ese tiempo.
-"¿Y la mujer que viene cada año a mediados de Abril, te acuerdas?"-
Y poco le faltó al otro para contarme la historia con todo tipo pelos y señales y una inmensa ternura a pesar de su aparente rudeza de hombre de la mar.
-"Mira, lleva ya por lo menos 15 años que yo recuerde, sube al barco con un ramito pequeño de flores rojas, no más de 6 o 7 flores, parecidas a las rosas, creo que son camelias"-, el compañero le interrumpe , -"Y bien guapa que es, tendrá unos 50 , con una cara guapa de verdad , y lo demás... ¡no veas!, una preciosidad de señora"-.
-"Pues si, sube al barco, y siempre nos alegramos todos de verla otra año más, casi casi como si elle fuera el anuncio de que ya es primavera. No suele hablar con nosotros, ahora.. eso si, la saludamos con un gesto amable y una sonrisa cómplice, a lo que ella corresponde de igual forma. Se queda en la popa, fuera de cubierta, donde se sienta en un banco y llegando al centro de la bahía, se pone de pie y tira por la borda, a las olas, el ramito de camelias"- , -"Luego se queda mirando el rojo de las flores perderse tras la blanca estela del barco y ya casi llegando a Cádiz se sienta"-, -"Ni siquiera desembarca, espera a que hagamos la parada y regresa al Puerto de Santa María, y al pasar por el lugar donde tiró las flores, se queda mirando las olas, con la vista perdida en los colores del mar, como tratando de buscar el rojo de las flores entre los verdes, los azules y los blancos de las olas"-.
El "Adriano" se estaba acercando al muelle de pasajeros del puerto de Cádiz y mis dos interlocutores tenían que estar preparados para realizar las maniobras de atraque y desembarque de los pocos pasajeros que viajábamos en el barco, así que nos despedimos para mas tarde con un: -"Hasta luego"-, ya que nuevamente haría con ellos el viaje de regreso al Puerto de Santa María.
Con tan solo un par de horas de tiempo para hacer el viaje y regresar, me había presentado en el muelle desde donde sale el barquito que hace el viaje entre el Puerto de Santa María y la ciudad de Cádiz, una travesía cruzando la bahía que dura unos 30 minutos. En realidad se trataba de embarcar en El Puerto, llegar a Cádiz y esperar a la salida de nuevo para el regreso al Puerto de Santa María, y en la media hora de parada que hace, dar un corto paseo por las inmediaciones y como única intención, el poder disfrutar de los colores de la bahía y esperar que los tripulantes del barco me contaran, como cada vez que hago el viaje, sus cuentos y anécdotas
(La primera fotografía es de las primeras camelias que dieron los camelios que traje de Galicia hace un par de años y que les esta costando trabajo aclimatarse, las otras son del 2004 del barco"Adriano")
Viajando por las montañas de norte de la provincia de Cádiz, para ir de Grazalema a Ubrique hay que pasar por Villaluenga del Rosario, tan solo al terminar las últimas casas del pueblo, la carretera sigue bordeando lo que fue la "manga" de un glaciar, del que hoy se pueden apreciar los farallones graníticos que serian el cauce de los ríos de hielo deslizándose en la pendiente.
Enseguida, al llegar al repecho, se inicia el descenso en dirección a Ubrique, entre marzo y mayo, junto a las cunetas, los márgenes de la carretera se llenan de praderas de flores de muchos colores, dependiendo de las fechas, pero una amplia gama de amarillos siempre esta presente cerca de las cunetas de la serpenteante y estrecha carretera.
De vez en cuando es recomendable e incluso necesario perderse, ya sea voluntaria o involuntariamente. Yo lo hago con menos frecuencia de lo que me gustaría , pero sí siempre que tengo la ocasión . Creo que realmente es un ejercicio sumamente saludable, que junto a sacos de naranjas y limones, con jamones de pata negra, tendrían que ser recetados por los médicos de cabecera de la Seguridad Social para solucionar el problema de las listas de espera médica y la mayoría de las dolencias de que padecemos, creo que se lo propondré al ministro de sanidad, a pesar de que a los fabricantes de medicamentos no les interese el asunto.
Y si este perderse es en Cádiz ya si que no hay solución, solo hay que dejarse perder y que no nos busquen, que seguro que apareceremos, con una sonrisa en la boca y coloretes en las mejillas. No solo en la ciudad de Cádiz, también en su contorno, en la bahía que la circunda.
Una de mis "perdídas" fue hace unos 4 años en San Fernando, seguí la vía del tren saliendo de la ciudad, pasados los edificios del astillero de La Carraca, se llega al puente metálico del ferrocarril que cruza el Caño de SantiPetri, el único navegable que comunica la bahía con la zona este del mar y que cierra la isla del León. Desde las barandillas del puente metálico el panorama es un espectáculo, tanto a una lado como al otro, con un mar de color especial siempre cambiante dependiendo de a donde dirijamos la vista. Me llamó la atención una porción de tierra surcada por canales por donde se adivinaba corría el agua del mar en el sentido de las mareas, forzando la entrada de agua con la marea alta y reteniéndola mediante un sistema de compuertas que hacía que se encharcaran llenándose los "bancales" que se encontraban en el interior de canales. Me fijé en las montañas blancas que aparecían en los costados de los "bancales".
Caminé en dirección a la zona y ya pude ver que se trataba de una salina. En las pequeñas casas que había a la entrada no veía a nadie, así que seguí adelante y me encontré junto a las "montañas" blancas que había visto desde el puente. Efectivamente se trataba de sal, la "cosecha" de sal recogida en los "bancales", que aparecía amontonada en montañas blancas junto a las que había los restos de una antigua factoría salinera, con maquinaria abandonada y en algunos puntos de los canales, grandes barcazas de las que se usaban para transportar la sal desde la salina hasta los barcos anclados en el puerto efectuando sus preparativos para el viaje a América. La sal habría de ser elemento indispensable para mantener los alimentos en buen estado durante el largo viaje.
Seguí husmeando por la salina a mis anchas hasta que, de repente, apareció una persona que venía por el camino desde las casas de la entrada. Un hombre con cara de pocos amigos se acercaba y lo peor es que junto a él dos perros ladrando y con malas pulgas y mucha peor cara que su amo, y esos ladridos sí que me impresionaron e incluso me "acongojaron" un poco. El hombre los paró con una voz de mando y ya me tranquilicé. Se acercó y después de un saludo amistoso le comenté que no había nadie cuando pasé por la entrada y que solo quería conocer el lugar y hacer algunas fotos, mostrándole mi interés por saber más de la salina y su entorno.
Le faltó poco para iniciar una charla y contarme montones de cosas sobre la salina de la que me aseguró que estaba funcionando permanentemente desde época romana y que su familia la tenía como medio de vida desde 1779, año en que empezaron su actividad con el nombre de Salinas de San Vicente y que era la única de la zona en la que se sigue sacando la sal de forma artesanal. Me explicó como se hacía, enseñándome el sistema de canales, presas y represas.
La salina tiene una serie de compartimentos, con niveles de base diferentes, que permiten el control y la circulación de agua hasta un sistema de compuertas. El agua entra por el "caño" cuando sube la marea, llegando a una superficie de almacenamiento o "estero", que se comunica con otros esteros a voluntad mediante compuertas, y que también se suele utilizar para el cultivo de peces. De los esteros el agua pasa a otra balsa o superficie de preparación de la sal en la que el agua procedente del estero va incrementando la concentración salina. Esta última superficie se divide a su vez en tres zonas: el lucio, de mayor profundidad, la retenida, de nivel medio, y el periquillo de menor profundidad, a los que sigue una superficie de cristalización llamada tajería, compuesta por uno o varios estanques rectangulares de muy poco fondo, los cristalizadores, donde se obtiene la sal por cristalización del agua.
Me resultó especialmente curioso el sistema de pesca que se realiza en los esteros. Róbalos, doradas, lisas, lenguados y otras especies, son arrastrados por la corriente y retenidos en estos esteros, conde son pescados con una pequeña red, entrando los propios pescadores en las balsas para arrastrarla. La instalación es visitada por grupos para los que se organiza una de estos "despesques", siendo preparados los peces a la brasa en la propia orillas de los esteros y degustados insitu por los visitantes.
El caso es que pasamos media mañana entre unas cosas y otras, al final me traje un saco de sal, me cobró por el saco 2,5 euros y el saco tenia, y tiene, 25 kilos de una sal buenísima para hacer una carne o un pescado "a la sal".
Acerqué el coche, cargué el saco y nos despedimos emplazándonos para otra visita que aún no ha llegado.
¿Y con el saco de sal que?. El saco se quedó en casa, traté de repartirla entre familia y amigos, pero nadie estaba por el regalo, así que deje en la terraza del salón el saco y su mercancía casi completa. Con tan solo unas semanas de olvido, el saco ya no era un saco de sal, ya era una piedra salina. Con la humedad se había solidificado y ya poco de podía usar de el a no ser con martillo y cincel. Aquí esta el saco, guardado por dos macetas, cual guardias civiles que lo controlen. Varios intentos ha habido en la casa por dar un golpe de estado y sacar por la puerta a la basura el saco y su contenido, pero nunca han llegado a buen fin. Aquí esta, esperando encontrar un destino adecuado. Un pajarito me ha dicho que la sal o se usa o siempre ha de llegar al lugar de donde procede, al mar. Yo que suelo hacer caso a los pajaritos ando esperando el momento de regresar con el saco al mar de Cádiz y esparcir la carga salina en las playas de la Caleta, bañada por el Atlántico.
No estaría mal hacerle una fiesta de regreso a su casa al saco de sal.
(La primera fotografía es del Caño de SantiPetri, tomada desde el puente metálico del ferrocarril, las otras dos son de la salina de San Vicente, y la última es del saco de sal que tengo en casa desde hace casi 4 años. Cuando les visité no estaban "internetizados", pero ahora he visto que tienen una pagina que os dejo, es agradable ver como se modernizan siguiendo con la tradición a la vez: http://www.salinasanvicente.es/?mod=home . En el vídeo, una canción de "ida y vuelta" : Habaneras de Cádiz , cantada por Pasión Vega)
En primavera junto a la carretera que va de Grazamela a Ubrique, en la sierra norte de Cadiz , una infinidad de pequeñas flores de las más variadas especies y de todos los colores, se agolpan a los lados. Me llamaron la atención estos narcisos silvestres amarillos que cada año trato de disfrutar.
Cuentan que hace mucho tiempo, había un joven que se llamaba Narciso, conocido por su gran belleza, que se pavoneaba y lucia, creyéndose el mas bello, solo preocupado de su belleza y de que le miraran los demás. Tanto es así que se permitía rechazar con desprecio a quien le daba la gana, y esto ocurrió con una hermosa ninfa de lago que hay en el bosque, que se llamaba Eco. La ninfa herida por el rechazo de Narciso se encargo de influenciar lo que pudo a la diosa de la venganza y así conseguir que el engreído Narciso se enamorara de si mismo, de su propia imagen que se reflejaba en una fuente que había junto al lago del bosque. Narciso se miraba, se miraba y no paraba de mirarse, haciéndose muecas, remirándose , y tanto lo hizo que realmente se enamoro de si mismo. En un momento , al acercarse tanto a su propia imagen reflejada como en un espejo en la superficie del agua de la fuente para verse bien, se atrajo asimismo tantísimo que callo al fondo del lago y tan embobado y ensimismado estaba que termino por ahogarse en la profundidad de las aguas.
Y al poco en ese lugar nació una preciosa flor, un narciso amarillo.
(En el vídeo de dibujos animados se relata la leyenda mitológica de Narciso y Eco, está en italiano, pero resulta muy fácil entenderlo.)
Hay un buen número de versiones de la coloquial frase "estar mas perdido que el barco del arroz", que aquí, en el sur, y mucho más en Cádiz, se le da un acento especial (tas más perdio quél barco l´arró).
Una de ellas, la que creo mas verosímil, cuenta que en los años 50 del pasado siglo, en la época de racionamiento, el Alcatraz veniía a Cádiz desde Sevilla cargado de arroz, pero se hundió a la entrada de la bahía de Cádiz, perdiendo su carga y claro está, en esa época funcionaba a tope la censura de los medios, controlados en su totalidad por el régimen, que ya se encargaron de hacer creer que nunca hubo tal barco ni tal arroz.
Está claro que lo que realmente se perdió fue el arroz y no tanto el barco, como dice la frase. No estaría mal que algún día recuperaran el pecio.
El caso es que me han regalado una brújula... yo creo que con la secreta y sana intención de que no pierda el norte en estos momentos de inestabilidad o que si lo pierdo pueda tener un elemento sencillo para encontrarlo, de momento y por si acaso, la llevo en mi mochila por si las moscas, que nunca se sabe cuando puede uno necesitarla.
-"Ricardo... hola, buenas noches, ¿es tarde para llamar?"- , -" !Hola!, un abrazo... no, no es tarde, con estos calores no hay quien duerma"- , -"Te llamo porque quiero compartir con vosotros este día precioso que he tenido, estoy alegre, muy alegre. Estamos celebrando algo que hemos encontrado buceando... todo el día en el agua y al final lo hemos encontrado ...y después de unas copitas en la playa y con esta luna sobre el mar que esta preciosa, quería llamaros para compartirlo"-, -"¿no me digas?... que bien. De veras que me alegro.....Venga cuenta, que quiero que me cuentes todo"-, -"Pues mira.........."-.
Nefer estaba con un grupo de amigos y compañeros de trabajo celebrando algo que estaban buscando desde hacia tiempo, algo que enlazaría con la clarificación de lo que habían estado investigando y estudiando desde años. La localización del vapor a palas "Rio Miño", naufragado en 1856 frente al faro de la isla de Tarifa. Serian casi la una de la mañana, en una noche de luna llena que se reflejaba en el mar bella y poderosa, estaban todos en la misma playa de Tarifa y por la entrecortada charla, en la que Nefer quería contármelo todo y además decirme como estaba la luna y el mar, como se estaba reflejando la una en el otro y lo alegre que estaba, como se sentía....., parecía una niña pequeña en día de reyes.
El Rió Miño era un barco de madera, construido en Inglaterra en 1853, con velas y ruedas de palas propulsadas por dos calderas de vapor. Algo así como los que estamos acostumbrados a ver en películas del oeste, con escenario en el Missisipi. Había sido fletado por la familia Heredia, una de las mas ricas de España en esa época, para realizar un viaje de placer entre Málaga y Sevilla, para asistir a la feria. En él viajaban la viuda de Manuel Heredia, Trinidad Grund y sus dos hijas pequeñas, además de miembros de las familias mas ricas de Málaga y la alta burguesía de la ciudad.
La travesía transcurría con normalidad hasta que, casi pasado el Estrecho de Gibraltar y en una situación de levante en la que se forma una leve neblina en la zona, sobre las diez de la noche el barco se vió embestido por la fragata Minden, un buque inglés que entraba en el estrecho a toda vela abordando al Miño, provocándo tales vías de agua que en solo unos minutos escoró por babor, cosa que hizo que se metieran cantidades ingentes de agua y que era imposible contener. El patrón puso rumbo a tierra para tratar de salvar la nave embarrancándolo en la playa mas cercana, pero con la falta de gobierno tuvo la mala fortuna de ir contra las rocas y acantilados de la isla de Tarifa, justamente a la altura del faro. Parte de la tripulación ganó la costa a nado , entre ellos la propia Trinidad Grund, gracias a un grueso abrigo de paño que se había enrredado con otros enseres y que le sirvió de flotador. Sus dos hijas murieron junto a 62 personas mas. Únicamente se salvaron 28 personas incluida la propia Trinidad.
Los restos del barco habían sido conocidos por buceadores desde principios de los 80, llamándolo San Andrés, ya que habían encontrado lingotes de hierro con la inscripción "San Andrés", se habían encontrado igualmente botellas de soda de cristal blanco, con la inscripción "HODSON´S-SODA WATER-BED FORD STRIT, 24-COVENT GARDEN" que se dataron sobre 1860, que sí podrían corresponder al naufragio del Miño, pero el caso es que se quedó con ese nombre, con el que ya estaban identificados los restos y el lugar. Años después otros buceadores descubrieron dos enormes calderas que podían ser del Miño, pero a distancia de las demás piezas, cosa que demostraba que la nave de había partido y se habían ido esparciendo las piezas en el camino a tierra, ya en el propio momento del naufragio. Sucesivas investigaciones demostrarían que los lingotes con la inscripción "San Andrés", podrían proceder de la Fundición de Hierro San Andrés, propiedad de la familia Heredia e instalada en las playas de Huelin en Málaga y que, seguro, serian utilizadas como lastre según la carga del barco.
Por unas u otras circunstancias ya se tiene totalmente asumido que los restos de Río Miño corresponden a los que, durante mas de un siglo, se pensó que eran del San Andrés.
Doña Trinidad Grund se dedicó a hacer obras de caridad y en su testamento pidió ser amortajada en el grueso abrigo de paño que la había salvado y que era lo único que le unía a sus dos pequeñas hijas fallecidas en el naufragio.
Mi amiga Nefer, al poco tiempo de aquella bonita llamada, desapareció como burbujas del agua de soda del San Andrés. Llegan y empiezan a contonearse graciosas mientras suben, siguen subiendo juguetonas y amables.... continua la subida con mas gracia y al fin..... ¡plás! desaparecen en la superficie del vaso. Supongo que estará feliz buceando por esos mares de Dios y que habrá encontrado muchos barcos y tesoros perdidos.
La primera fotografía corresponde a la superficie del lugar donde ocurrió el naufragio. La segunda es de un buque de la misma época del Río Miño y corresponde a un barco de guerra de la armada de Chile. En el vídeo se pueden apreciar con claridad las dos torres y el eje que sujetaban las ruedas de palas.